La crisis del doble 8: cómo un simple número puede estropear el lanzamiento de un producto

En el significado de los sueños para la Quiniela argentina, el 88 es el Papa, nada menos. El mismo número puede referir a la cantidad de teclas del piano, a los protones que tiene el átomo del radio o al nombre de un pueblito perdido en Kentucky (Wikipedia, gracias por tanto…). En la simbología neonazi, el 88 representa el saludo Heil Hitler, porque la H es la octava letra del abecedario. Una connotación que P&G no tuvo en cuenta al estrenar un producto justamente en Alemania.

Ariel, el famoso jabón para la ropa, se relanzaba en un formato que permite precisamente 88 lavados, 5 más que los habituales. El nuevo packaging hacía referencia a esos lavados adicionales, con el número bien grande, y aclaraba que el nuevo desarrollo químico logró, para solaz de las amas de casa, una “nueva concentración”. Las repercusiones negativas por esta desafortunada analogía del marketing fueron tan incómodas para la empresa, que la promo fue retirada del mercado.

Muchos comentarios en redes sociales relativizaron el asunto: “Son 88 lavados, pudieron haber sido 87 u 89. Esto no tiene sentido”, escribió un tal Popieskala, de Suiza. Pero cuando las fotos con la marca y el número 88 empezaron a extenderse entre los usuarios alemanes de Twitter y Facebook, P&G decidió enfrentar el problema con un comunicado y un pedido de disculpas.

Para la sociedad alemana, el tema tiene -por supuesto- una sensibilidad especial. Tanto que el Código Penal cuenta con un artículo específico para castigar la negación del Holocausto como instigación lisa y llana al odio racial.

El recall del detergente puede considerarse una salida responsable frente a un error publicitario o una mera sobreactuación. P&G pudo haberse plantado en las buenas razones de su número. Sin embargo, optó por hacerse cargo de lo que llamó “falsas asociaciones” y expresó su “distancia con cualquier ideología de extrema derecha”.